lunes, 6 de junio de 2011

CRONICAS DE LA BATALLA DE ARICA

CRONICAS DE LA BATALLA DE ARICA




EL POR QUE DE LA CELEBRACION

La batalla de Arica que enfrentó a nuestro ejército con los invasores chilenos el 07 de Junio de 1880, es un ejemplo inolvidable de heroísmo y honor que honra a nuestro pueblo y a nuestros soldados, pero que enaltece, fundamentalmente, la figura del heroico coronel Francisco Bolognesi, jefe de la plaza, y a sus más cercanos colaboradores que decidieron entregar su vida en defensa de nuestra integridad territorial.

LOS HECHOS

La guerra iniciada en abril de 1879 se desarrolló inicialmente en el mar, hasta la muerte gloriosa del almirante don Miguel Grau en el combate de Angamos. Sin la defensa de nuestra armada, ya destruida, los chilenos se aprestaron a invadir los territorios apetecidos. Primero fueron derrotados en Tarapacá, pero luego se recuperaron y derrotaron a nuestro ejército en Tacna. La ciudad peruana de Arica había quedado aislada y el coronel Bolognesi en gran inferioridad numérica se prestó a defenderla.
Asediado por tierra y por mar, Bolognesi escuchó el pedido de rendición que le hacían los chilenos a quienes toda resistencia les parecía inútil; pero la respuesta de Bolognesi al emisario chileno fue la inmortal: "Tengo deberes sagrados, y los cumpliré hasta quemar el último cartucho", respuesta que fue ratificada por sus jefes y oficiales. La batalla se realizó inexorablemente el 07 de Junio de 1880 en el morro de Arica y Bolognesi, junto a la mayoría de sus jefes, incluyendo al heroico coronel Alfonso Ugarte, murieron defendiendo el honor nacional.

UNA MOTIVACIÓN SUBLIME DE ALFONSO UGARTE





Alfonso Ugarte tenía 32 años cuando se desató el conflicto que enfrentó al Perú y Bolivia con Chile en 1879. Había nacido en Tarapacá el 13 de julio de 1847.
Era un empresario y hombre de negocios, dedicado a la comercialización del salitre. Y como tal un personaje acaudalado que anhelaba que al transcurrir los días fueran laboriosos y tranquilos.
Estaba a punto de emprender un viaje de vacaciones a Europa cuando redoblaron los tambores y resonaron los clarines de guerra. Y se desató el conflicto el 5 de abril de 1879 cuando Chile declaró la guerra a Bolivia y al Perú.
Ante estos sucesos canceló su viaje y se quedó a afrontar la situación por la cual iba a atravesar su patria, el Perú. No eludió el más duro de los trabajos: la turbulencia de la guerra. Y luego su propio holocausto el 7 de junio en el Morro de Arica, portando la bandera y alentando a sus soldados.
De ser un hombre próspero pasó a ser un peón, un aprendiz de milicia, un soldado. Y pronto se convirtió en un guerrero insigne y en héroe. Al abrazar la causa que defendió lo hizo no solo como peruano, sino como un representante de la especie humana consciente, esclarecida e integral, que se subleva por una razón moral simple, por una ética ineludible, por una motivación sublime defendiendo principios humanos sacrosantos. Y todo fue así porque tenía fuego sagrado en alma, de eso estaba hecho.

ALFONSO UGARTE ES HEROE PORQUE  DONO SU VIDA

Rebelarse contra lo que es bestial, injusto y abusivo, es noble; actitud que cabría esperarla incluso de los propios y ocasionales enemigos.Porque cabe anhelar de todos que seamos personas que disciernen entre lo bueno y lo malo. Y deciden por lo primero. Y que elijamos ser entre hienas o pastores aquellos que defienden a una comunidad. Ante tal circunstancia no resuelta es que Alfonso Ugarte no dijo: me voy, mi viaje lo había planeado antes. Desde allá ayudaré mejor. 
No es que solo avitualló un ejército con su fortuna, sino que donó su vida a su terruño. No es que puso toda su riqueza a favor de su heredad, sino que donó su paz, sus negocios, sus amistades. Puso a disposición del movimiento de defensa sus contactos, sus relaciones, involucró a sus clientes. Sus amigos pasaron a ser oficiales del Batallón Iquique Nº 1 que él organizara en base a obreros y artesanos de esa ciudad. Y que mantuvo todo el tiempo hasta su inmolación en el Morro de Arica. Y es que tenía excelso y sagrado fuego en el alma.

SUS LUCHAS AL LADO DE BOLOGNESI

Había sido elegido Alcalde del puerto de Iquique el año 1876. 
Su empresa tenía bases en otras ciudades de América y Europa. Pero no las buscó como subterfugio, diciendo: soy ciudadano del mundo, no reconozco ideas limitadas de patria. Puedo ser de allá como de acá. Él defendía principios, por los cuales financió un batallón con su propio peculio. Y no es que dijera hasta aquí llegó mi cuota, aunque con solo asumir ese compromiso ya su acción resulta extraordinaria y ejemplar. 
Pero hizo mucho más: se entregó entero, cambió su vida. No solo suspendió su viaje y donó su fortuna, sino que entregó todo: cotidianeidad, coraje, sueños.Y no fue él único que así lo hiciera. Lo mismo hizo Ramón Zavala, de 27 años, que igual armó un batallón con su fortuna y luchó hasta morir en la defensa de Arica.
En Tarapacá una bala estuvo a punto de destaparle el cráneo a Alfonso Ugarte. Le rozó la sien que se hizo vendar para contener la sangre que manaba. Y continuó luchando
 EL SUBLIME AMOR A SU PATRIA
Después del descalabro de la batalla de San Francisco, donde participó Alfonso Ugarte, este no dijo ya perdimos la batalla, perderemos la guerra. Y entonces salvo lo que pueda.
No dijo: creo que ya puse bastante, la historia que me juzgue, ya puse mi esfuerzo.Siguió luchando con denuedo, lo que quiere decir que nada lo daba por perdido. No se desmoralizaba ante los reveses. No se desanimaba ante el infortunio. Él alzaba la bandera e impulsaba el carro hacia adelante. No dijo tal tuvo la culpa. No echó en cara a nadie. Siguió luchando.No dijo ya no hay ejército. ¡Hizo su ejército! Nada para él era bastante cuando de lo que se trata era defender principios. Puso todo su dinero en el arca santa del amor a su lar natal y a la evocación de las horas de infancia.
No dijo escojo otra suerte. Todo porque tenía fuego sagrado en el alma que vale más que todo el oro del mundo.

EL AMOR DE SU MADRE EN LAS HORAS DE SU MUERTE

 Su madre ofreció una recompensa de mil pesos a la tropa chilena por la entrega del cadáver de su hijo. Fue encontrado a las orillas del mar al pie del Morro el día 14 de junio .Los restos reconocidos y aceptados por su progenitora fueron sepultados un día después en el cementerio de Arica. Posteriormente fueron trasladados a Lima donde reposan dentro de un sarcófago en el tercer piso de la Cripta de los Héroes en el cementerio Presbítero Maestro.
Gerardo Arosemena en su calidad de director del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú fue autorizado el año 1979 para abrir la tumba de Alfonso Ugarte encontrando sus restos envueltos en la bandera peruana.
Pero más bien él está vivo delante de nuestros pasos. Y para siempre, porque sin darse cuenta de lo inmenso de su gesta sacó a luz el fuego sagrado de amor a la patria inmortal

EL EJERCITO PERUANO VENCIO EL 07 DE JUNIO EN LA BATALLA MORAL Y HEROICA




Nuestro ejército vence en moral ya que entre sus filas no solo guerreros ilustres sino a modo de ejemplo: que invirtieron toda su fortuna conformando batallón, dándoles ropa, armas, comida y virtudes. Y porque defendían ideales, principios y valores básicamente humanos y sus valores, sino que además el propósito no era ganar la guerra, sino defender la vida oponiendo el brazo afectuoso y fraterno a fin de detener a aquellos les cegaba la codicia y a quienes alocaba la respiración del hombre ya indefenso. Entonces, ¿quién es vencedor?
Esa es la causa que defendió Alfonso Ugarte, porque tenía fuego sagrado en el alma.
Estuvimos todos

LO QUE DICEN LOS HISTORIADORES CHILENOS

Arica después de la batalla era un lago de sangre. El escritor chileno Nicanor Molinare escribe en su obra “Asalto y toma del Morro de Arica” que el caballo de Manuel Baquedano en la Arica de aquel día chapoteaba en sangre peruana hasta los nudillos. Sangre sagrada, sangre heroica, sangre bendita.
Sangre ejemplo de heroísmo sin par, sangre de aquellos jóvenes que ascendieron a ser oficiales a los 18 y 22 años de edad y que quisieron plenos de convencimiento dar su vida por el Perú. ¡Loor a esos héroes!
En ese norte Alfonso Ugarte es un ejemplo imperecedero para niños y jóvenes de todas las nacionalidades, los tiempos y las culturas. Porque su proeza lo asumió representando a la especie humana, para darnos la estatura de lo que es ser hombre.

LA VISTA DE LA BATALLA POR PARTES DE GUERRA

Entre los jefes más destacados que murieron en BATALLA DE ARICA del 7 de junio de 1880 tenemos a: Francisco Bolognesi, Alfonso Ugarte, Justo Arias Aragüez, Joaquín Inclán, Mariano Bustamante, Guillermo More, Marcelino Varela, Manuel de la Torre, Ricardo O´Donovan y Ramón Zavala. También se recuerda al niño héroe Alfredo Maldonado.quien Fue hijo de Santiago Maldonado, capataz de playeros, y de Micaela Arias naturales, ambos de Arica. Era un adolescente de rasgos afroperuanos[2] que, a la edad de 15 años, se enlistó como voluntario al estallar la Guerra del Pacífico, con el grado de cabo de artillería. Combatió en la batalla de Arica, junto a su tío el sargento Nicanor Arias Campo Hermoso, como parte de la guarnición del fuerte Ciudadela.
En los momentos finales de la lucha, y tomado ya el fuerte por las tropas chilenas, mientras el subteniente José Miguel Poblete del 3ro de Línea reemplazaba la bandera peruana por la chilena, el cabo Alfredo Maldonado con resolución prendió fuego a la santabárbara, pereciendo en la explosión junto a sus compañeros que yacían heridos y los chilenos que se encontraban alrededor, entre ellos Poblete.
En estas circunstancias, el primer fuerte resistía heroicamente; cuando de improviso vimos a los lejos la explosión del polvorín quedando sepultados en una nube de fuego y humo casi la totalidad de los combatientes y muchos de los enemigos...Según informes que he recibido el polvorín fue incendiado por un joven de 16 años llamado Alfredo Maldonado.


Parte del Coronel Marcelino Varela, primer jefe del batallón "Artesanos de Tacna" .





ASALTO Y TOMA DEL MORRO DE ARICA COMO SE ESTUDIA EN CHILE



Como estaba la situación
Para esa época, Chile ya tenía buenas posibilidades de ganar la guerra después de varios acontecimientos favorables: el desembarco en Pisagua y la Batalla de Dolores fueron fundamentales para consolidar al ejercito expedicionario en Tarapacá. El hundimiento de la Esmeralda luego del Combate Naval de Iquique provocó una ola de patriotismo que movilizó a gran cantidad de gente a alistarse al ejército. dos semanas antes muere en Las Yaras el Ministro de Guerra en Campaña don Rafael Sotomayor, el principal organizador y estratega del Ejercito Chileno. Posteriormente en la Batalla de Tacna en Campo de la Alianza, el Ejercito Chileno tuvo buen éxito contra la combinacion de fuerzas Peruanas y Bolivianas organizadas por el General Campero.
Los defensores
Luego de la victoria en Campo de Alianza las tropas peruanas se dispersaron mayormente hacia Lima, dejando aislada la plaza de Arica al mando del Coronel Bolognesi con solo 2.100 defensores. El Comandante Lagos, a cargo de las tropas chilenas disponía en cambio de 4.000 infantes para el asalto. Las tropas Peruanas se encontraban emplazadas en el Morro, que algunos consideraban inexpugnable, aunque en realidad no era así, las defensas del Morro fueron diseñadas principalmente para repeler un ataque marítmo, y consistían en:
·         12 cañones de grueso calibre en la planicie del Morro (1 Parrot de 100 libras, 2 Vavaseur y 9 Voruz), en la Bateria Alta y Batería Baja
·         3 cañones de grueso calibre Vavaseur en el Fuerte del Este, cerca de la planicie
·         3 cañones de grueso calibre Vavaseur en el Fuerte Ciudadela, apuntando hacia el Valle
·         Batería "Dos de Mayo" con un cañón Vavaseur de 250 libras
·         Batería "Santa Rosa" con igual equipamiento
·         Batería "San José" con un Vavaseur de 250 libras y un Parrot de 100
·         Un parapeto para tiradores con sacos de arena de 3000 metros de largo, desde el hospital al Fuerte Ciudadela
·         Minas de dinamita de 1.5, 12 y 30 libras, accionadas desde el Hospital
·         Minas de dinamita antipersonales
·         El Monitor "Manco Capac", fortaleza flotante con dos cañones de 500 libras cubriendo la bahía

La población de Arica en esa época era aproximadamente 2.000 personas, la mayoría de los cuales emigró a Lima desde que se supo del desembarco de los chilenos en Ilo.
A cargo del asalto se nombró al coronel Pedro Lagos. El 29 de mayo, Latorre, desde los barcos chilenos envió un bote para informar al comando chileno sobre el terreno que estos no habían logrado reconocer. Por el fuerte oleaje el bote no pudo atracar y un marinero chileno, el negro Lewis, que era famoso por lo bueno para nadar se tiró al agua y alcanzó la costa a nado, dando la información necesaria.

Chile trata de obtener la rendición

El ideal para el Comando Chileno era obtener la rendición de la plaza, ya que por las fortificaciones se preveía una gran carnicería durante el asalto. Para esos efectos se envió al sargento mayor Juan de la Cruz Salvo para intimar la rendición, ofreciendo a Bolognesi todos los honores de la guerra. El jefe peruano lo recibió cortésmente, reunió a sus subalternos y contestó al parlamentario chileno: "Resistiremos hasta quemar el último cartucho" , incluso se tomaron todos una fotografía en esa ocasión donde aparece el parlamentario chileno y todos los peruanos que ya sabían que iban a morir, detalles versallescos de las guerras antiguas. La "Casa de la Respuesta" aún hoy se conserva en poder del Consulado Peruano y tiene el privilegio de ondear la bandera peruana a la vista del Morro. Después del asalto en Arica los chilenos le dieron el nombre del coronel Bolognesi a una céntrica calle de la ciudad, que hasta hoy se conserva.
El 6 de junio el coronel Lagos ordenó el segundo bombardeo de la plaza por mar y tierra, según palabras del general chileno Velázquez "Obligándoles a batirse, les dábamos oportunidad para salvar el honor de su país y entrar en honrosa y cuerda capitulación" , luego intentó nuevamente obtener la rendición enviando esta vez como parlamentario al ingeniero Elmore. No hubo caso, Bolognesi negó nuevamente la posibilidad de rendirse.

7 de junio de 1880, el asalto

Dada la situación Lagos dispuso el ataque con un amago simulado sobre los fuertes del norte. Estos fueron reforzados con la división de Alfonso Ugarte, para el verdadero ataque deslizó cautelosamente las tropas en la noche dejando los vivac encendidos en los cerros de Chuño , hasta llegar a un kilómetro y medio a la retaguardia de los fuertes Del Este y Ciudadela.
Se produjo una disputa entre el Buin y el Tercero de Línea por no quedar de reserva, se decidió con una moneda y fué el Buin que perdió y tuvo que quedar a la reserva mientras el Cuarto de Línea le tocó asaltar el Fuerte del Este, mientras que al Tercero de Línea le tocó el Ciudadela. Al amanecer del 7 de junio comenzó el asalto.

Al tomar los chilenos el Ciudadela los defensores hicieron explotar el polvorín, lo que junto con matar a muchos enfureció a los asaltantes que sobrevivieron, estos pasaron a cuchillo a cuanto enemigo encontraron. El Fuerte del Este también fué tomado con muchas bajas, defendiendo su puesto murió allí el coronel peruano Inclán.

Enterado del engaño, Bolognesi envió los 600 hombres de la división Ugarte a ayudar a la defensa del Fuerte Ciudadela, pero fueron cortados y desbandados por las tropas de asalto. Solo quedaba el Morro como última línea de defensa peruana. La órden dada por Lagos era esperar en Morro Gordo para reunir a los dos cuerpos más la reserva del Buin para hacer un asalto ordenado. Sin embargo, alguien que nunca fué identificado, gritó "¡Al Morro, muchachos!" y desobedeciendo la orden se lanzaron las fuerzas que allí habían llegado a la carrera, entre el campo minado. En este ataque espontáneo cayó muerto el comandante San Martín, quien fue reemplazado por Solo de Zaldivar, pero en la práctica "todo comando había desaparecido" (Encina) y la tropa subió en el mayor desorden arrollando y pasando a bayoneta a cuanto enemigo se les atravesaba. Así murieron prácticamente linchados Bolognesi junto con todo su estado mayor, solo Sáez Peña alcanzó a ser salvado por el capitán Ricardo Silva Arriagada del furor de las tropas.
Cuenta la historiografía peruana que el coronel Alfonso Ugarte en lugar de entregarse se lanzó al vacío desde el Morro (130 metros) montado en su caballo, el hecho es que jamás se encontró su cadaver pese a la recompensa de mil pesos ofrecida por su acaudalada familia. En total, los asaltantes alcanzaron a arrojar 300 cadaveres al vació antes de que sus propios oficiales pudiesen dominarlos. Hubo varias otras muestras de brutalidad de la tropa, exacerbada por el efecto de las minas terrestres en la defensa del Morro, mataron prisioneros en las puertas de la iglesia y saquearon la ciudad.




Resultados

La división de Lagos tuvo 476 bajas entre muertos y heridos, entre los peruanos se estiman 932 hombres de tropa y 135 oficiales prisioneros (150 heridos) y entre 900 a 1000 muertos. "El Morro cayó en 55 minutos, contados desde que el Tercero y Cuarto de Línea se tomaros los fuertes del Este y Ciudadela, justamente el tiempo necesario para recorrer el trayecto al tranco del caballo, sin combatir" (Encina). Esto lo he podido comprobar en la práctica yo mismo, que hago dos veces por semana el mismo trayecto al trote y paso vivo y demoro alrededor de una hora. Yo salgo a trotar de noche y me cuesta creer que en pleno día, al calor y combatiendo el asalto haya durado tan poco tiempo.
El Asalto y Toma del Morro fue la última acción de guerra brillante por parte de Chile, aunque no dejo de estar ensombrecida por las atrocidades cometidas por la tropa fuera de control. Junto con el Combate Naval de Iquique y el Desembarco de Pisagua forman las tres acciones más importantes, simbólica y prácticamente en el desarrollo de la Guerra del Pacifico. Además le valió a Baquedano el ascenso a General de División.
El resto de la guerra, con las campañas de Lima y de la Sierra fueron oscuras, sacrificadas, sin gloria y brutales por ambos bandos, luego vinieron muchas décadas de resentimientos y agrias disputas entre los países beligerantes que, afortunadamente parecen estar llegando a su fin.



Pocos minutos después de la batalla, los chilenos izan la bandera en el Morro y le rinden honores. En primer plano un cañón de artillería ligera y los cadáveres de los defensores peruanos. El 7 de junio es para las FFAA peruanas el día del juramento de la bandera.

LA BATALLA DE ARICA: EL EPILOGO





Cuando la terrible batalla cesó definitivamente, Arica presentaba un espectáculo impactante. Cientos de cadáveres regados por doquier, ríos de sangre, llamaradas sin apagar y humaredas que no se disipaban (16).
La batalla de Arica fue una de las más cruentas del siglo XIX. Pocos combates arrojaron tan alto número de bajas y el aniquilamiento casi total de batallones como fue el caso del Artesanos o el Granaderos de Tacna. En pocas batallas, incluidas las de la era napoleónica, perecieron casi todos los altos oficiales, como fue el caso de lo peruanos y en muy pocas el números de prisioneros fue tan reducido comparativamente a los muertos. Las dramáticas cifras no hacen sino demostrar que no se dio ni se pidió cuartel.
La mortandad de los peruanos fue terrible y registra una de las más altas en relación al número de combatientes, reflejo de la determinación con la que se defendió la posición. De los 1,650 hombres que tomaron parte activa en la batalla por el lado peruano, murieron más de 1,000 y alrededor de 200 quedaron heridos. La mayoría de los altos oficiales perecieron. De los diecinueve oficiales, comandante general, jefes de división, de batallón o batería, murieron 13. De los jefes de la Octava División solo sobrevivió el coronel Roque Sáenz Peña, herido; de la Séptima División únicamente lo hizo el coronel Várela, gravemente herido. Del Estado Mayor sólo salvó la vida su jefe, Manuel Carmen La Torre, a quién los chilenos confundieron con un hermano peruano del comandante de su escuadra. Por su parte los chilenos registraron 474 bajas.
Los prisioneros peruanos de tropa fueron confinados en el cuartel de la Recova y en el cuartel de Celadores en la calle de la Matríz, mientras que los oficiales de mas alto rango fueron detenidos en los recintos de la Aduana. Unos días después aquellos fueron trasladados al transporte Limarí que los conduciría cautivos a Valparaíso, para luego ser enviados a diversas ciudades del interior de Chile para cumplir prisión. Los heridos, tanto peruanos como chilenos, fueron trasladados al hospital San Juan de Dios y a las ambulancias que los peruanos habían organizado en carpas de campaña en los alrededores del nosocomio
Los combatientes de ambos bandos que perecieron en los fuertes Este y Ciudadela fueron sepultados en una fosa común cavada en la depresión conformada entre los cerros donde se habían ubicado ambos fuertes. Por su parte los caídos en los fuertes del norte fueron sepultados en el panteón. Aquellos muertos en la cumbre del morro fueron arrojados al mar. Los cadaveres, en número de 367, posteriormente fueron recuperados e incinerados.
Aproximadamente un mes después de la batalla, el vapor peruano Limeña arribó a Arica con la misión de recoger a los heridos peruanos de las batallas de Arica y de Tacna y trasladarlos a Lima. La nave también debía transportar al norte a familias ariqueñas y a religiosas de Tacna. Pero su misión más notoria fue la de trasladar los féretros que transportaban los cuerpos del coronel Bolognesi y del capitán Moore. Ambos héroes fueron exhumados de sus tumbas ubicadas en la iglesia de San Marcos y puestos en finos catafalcos de madera. Las autoridades chilenas dispusieron una ceremonia que incluyó una misa celebrada por el vicario de San Marcos y una formación de tropas chilenas con uniformes de parada. Posteriormente los féretros fueron llevados al muelle en hombros por una escolta de soldados chilenos y al compas de una banda de músicos que tocaban marchas funebres. Ahí fueron embarcados con honores, salvas de rigor y un toque de silencio, como muestra que los soldados chilenos reconocían en ambos jefes peruanos a los dignos combatientes que habían sucumbido con valentía y honor en la defensa de la patria.
La toma de Arica fue considerada una de las mayores hazañas de la Infantería chilena. El congreso ascendió a Manuel Baquedano a general de división. A corto plazo, Chile obtuvo el control de todo el sur del Perú, y, a mediano plazo, su estrategas pudieron concentrarse en atacar su capital, Lima, lo que en efecto ocurrió apenas seis meses después. La victoria permitió asimismo que Chile se anexase en el futuro esa rica provincia peruana.
Los hechos mencionados demuestran que Francisco Bolognesi y sus oficiales no estaban equivocados, ni mucho menos, al haber insistido en la dramática defensa de Arica. Sabían perfectamente que la caída de esa plaza artillada sería catastrófica -como lo fue- para la causa de su país. Por desgracia para los peruanos nadie quiso escuchar. La valiente guarnición, abandonada a su suerte, fue víctima de la improvisación y de los desaciertos en la conducción del conflicto -responsabilidad política del líder peruano Nicolás de Piérola-, de la incompetencia de oficiales novatos -como Segundo Leiva- y hasta del imperdonable silencio y la descoordinación de los altos mandos militares, incapaces de haber enviado al menos una orden al olvidado destacamento.

SEA COMO SE DIGA LA HISTORIA , LOS PUNTOS COINCIDENTES SEÑALAN QUE:

LA HISTORIA DE LA BATALLA DE ARICA COMENZO EL 26 DE MAYO CON EL BLOQUEO DE ARICA, LOS ATAQUES EN LA PAMPA , EL BOMBARDEO DE ARICA Y EL ASALTO AL MORRO

GLORIA A LOS HEROES DEL MORRO DE ARICA

1 comentario:

  1. Muy buen artículo, sobre todo por buscar hacer el ejercicio de que gente contemporánea como quienes leemos esta crónica, más de 140 después, intentemos por un momento ponernos en los zapatos de esos hombres y podamos comprender lo que pasaba por sus cabezas y corazones, y ver si uno podría afrontar una situación similar de la misma manera.
    Tema aparte el ver cómo la visión y manera de contar y analizar los hechos de parte de los historiadores ha sido diferente por mucho tiempo, pero con el paso de los años, y como todo evoluciona, las cosas deben dejar de lado apasionamientos y mordazas sin sentido, para dar paso a los hechos veraces. En ese sentido, por ejemplo, espero que los nuevos historiadores profesionales chilenos tengan un relato de los hechos bastante diferente que el de Nicanor Molinare, sobre el cual, con ánimo de ser comprensivo, sólo puede correr a su favor, el que el señor escribía envuelto en un nacionalismo de tintes bélicos muy fuertes aún y, como se dice, "con la herida aún abierta".
    Sólo contando la historia de manera veraz, sin apasionamientos y entendiendo que al final todos somos humanos imperfectos, se podrán tender puentes, cerrar heridas con buena cicatrización y caminar juntos hacia un futuro común.
    Felicitaciones nuevamente.

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